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Productos Saludables y Ecológicos. Beneficios y Compromisos

Productos Saludables y Ecológicos. Beneficios y Compromisos

Los alimentos orgánicos, ecológicos o biológicos son productos que deben cumplir una serie de requisitos en su producción. Se producen bajo un conjunto de procedimientos o métodos ecológicos que evitan el uso de productos sintéticos, como pesticidas, herbicidas y fertilizantes artificiales. La disposición comunitaria que los regula –reglamento 834/2007– se aplica a productos vivos o sin procesar, alimentos preparados, piensos para animales, semillas y material de reproducción, plantas salvajes y algas. El cumplimiento de la normativa de Bruselas–que aprueba el reconocimiento de un producto “Bio”, “Eco” u “Orgánico”, está garantizada por cada comunidad autónoma, a través de sus Consejos o Comités de Agricultura Ecológica territoriales. En la práctica, entre los consumidores, quizá sí existe alguna diferencia entre esos adjetivos en un nivel más subjetivo, en el que “Bio” se entiende más como el producto natural que, por su calidad de nutrientes, es beneficioso para la salud, mientras que “Eco” tiene un carácter más medioambiental.

Es importante hacer una breve reseña. La ecología, significa casa, estudia el medio o lugar donde habita el ser vivo y es una rama de la biología (estudia la ciencia de la vida)Es decir, la ecología, estudia todas las relaciones del ser vivo y el medio en que se desenvuelve. De hecho, el planteamiento del tema “Ecología y Medio Ambiente” fue desarrollado por científicos y especialistas, con entusiasmo y acorde a una excelente estrategia para obtener los mejores resultado por el Centro de Altos Estudios del Valle de los Caídos, en consenso publicado en el año 1979 (Nº50). Año también, en el que el papa, san Juan Pablo II promulgaba una bula el 29 de noviembre que asentaba: “Nombramos a san Francisco de Asís celestial patrono de la ecología”. Sin embargo, expertos de diferentes áreas de entonces, buscaban dar respuestas a un problema vivo de gran magnitud real, donde el deterioro a veces irreversibles del entorno biológico en el cual se desenvuelve el hombre inmerso en el, ya era preocupante y acuciante, hoy, después de 40 años, sigue un curso errante que nos lleva a graves consecuencias, donde santa Hildegarda nos advierte y sale a nuestro encuentro para devolvernos al Sumo Bien. 

La agricultura ecológica a diferencia de la convencional,  protege el medio ambiente y favorece la biodiversidad. Es una forma de producir alimentos sostenibles que se ha llevado a cabo durante miles de años en los que ha alimentado a toda la población. 

Anteriormente, solo hace unos sesenta años, España, Francia y Europa eran esencialmente agrícolas. El 90% de las personas vivían en el campo y producían su propia comida. El contexto actual es totalmente diferente, solo el 10% de la población produce alimentos para otros (a menudo no se consume personalmente lo que produce). La agricultura se ha convertido en una industria y nuestros alimentos en un producto industrial, que requiere eficiencia y facilidad (fertilizante e hibridación, mecanización excesiva, herbicidas, antifúngicos, insecticidas, conservantes, etc.) y cuyo precio siempre debe disminuir.

La demanda de alimentos orgánicos se debe en parte a las percepciones de los consumidores de que son más nutritivos. Sin embargo, la opinión científica está dividida sobre si existen diferencias nutricionales significativas entre los alimentos orgánicos y no orgánicos, tal es así, que la American Journal of American Nutrition afirmó en 2009 que, no existe evidencia de diferencias en la calidad nutricional entre los alimentos producidos de forma orgánica y los convencionales.

Por otro lado, otros artículos avalan que tienen un mayor contenido en vitaminas, minerales, antioxidantes y ácidos grasos esenciales (omega 3 y 6) que los productos convencionales. De hecho, revisiones más recientes de la literatura científica indican diferencias significativas de composición y nutricionales entre los alimentos orgánicos y convencionales. Así lo demuestra un estudio de meta-análisis de Baranski y cols. 2014, donde se realizó una revisión sistemática de 343 estudios, y concluyó que los cultivos orgánicos, en promedio, tienen mayores concentraciones de antioxidantes, menores concentraciones de cadmio (metal pesado) y una menor incidencia de residuos de pesticidas que los comparados no orgánicos en todas las regiones y temporadas de producción.

Igualmente, otros resultados indican que, existe evidencia entre el consumo de alimentos orgánicos y la reducción del riesgo/incidencia de ciertas enfermedades agudas y crónicas como de obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares etc. Cabe destacar, que las enfermedades del ser humano han variado a lo largo de la historia. Muchas de las afecciones que estaban relacionadas con la escasez de alimentos o la malnutrición han desaparecido en la mayoría de los países desarrollados y han dado paso a otras de carácter degenerativo o a enfermedades crónicas. Del mismo modo, han surgido diferentes trastornos ligados a la sobrealimentación, derivados de las costumbres alimentarias y hábitos de vida de la sociedad industrial de finales del siglo XX y principios del XXI.

Actualmente, parece preocuparnos más que antes, los malos usos y abusos que se cometen con relación a la naturaleza y se acuerda la necesidad de defender el medio ambiente. Esa observación de creyentes y no creyentes no es indiferente a nuestra responsabilidad moral. De hecho, apremia preguntarnos qué errores hemos de evitar y que actitudes hemos de activar. En realidad, la ecología exige una ecoética, es decir una reflexión sobre la responsabilidad humana en relación al medio ambiente.

El medio ambiente es digno de consideración moral, de respeto y de cuidado, pero no se puede cuidar la casa sin prestar atención al casero, a cuyo cuidado ha sido confiada. Por tanto, la naturaleza no puede ser considerada como la divinidad muda y armoniosa de los griegos, pero tampoco como la realidad de los gnósticos con una desmedida idolatría a la naturaleza y al rechazo del orden natural. El hombre no puede utilizar a su antojo las riquezas del mundo para someterla a su ansia y codicia. Así pues, la Fe cristiana sostiene que el hombre a imagen y semejanza de Dios, se comprende como gobernante atento y responsable de la buena marcha de la creación que le ha sido confiada.

San Juan Pablo II, nos exhortaba, a «cambiar de ruta», asumiendo la urgencia y la hermosura del desafío que se nos presenta ante el «cuidado de la casa común», del mismo modo, el papa Francisco reconoce que «se advierte una creciente sensibilidad con respecto al ambiente y al cuidado de la naturaleza, y crece una sincera y dolorosa preocupación por lo que está ocurriendo con nuestro planeta». Sin olvidar, que somos creados a imagen de Dios y del mandato de dominar la tierra, se deduzca un dominio absoluto sobre las demás criaturas. Al ser humano, le corresponde «labrar y cuidar» el jardín del mundo, sabiendo que «el fin último de las demás criaturas no somos nosotros». «Pero todas avanzan, junto con nosotros y a través de nosotros, hacia el término común, que es Dios».

Es justamente lo que propone santa Hildegarda de Bingen, una mirada equilibrada y responsable sobre el hombre y todo lo creado en razón de su conciencia, única en el universo, donde no puede negar la evidencia de su pequeñez y no debe olvidar que el mundo es un equilibrio de fuerzas en armonía, donde el hombre puede entrar para sinfonizar, de lo contrario podría desarreglar y finalmente volverse contra sí mismo.

Los productos de Doctora Santa Hildegarda son productos ecológicos que se producen mayoritariamente en Francia, además de Italia y Alemania, bajo un estricto régimen de selección y con un respeto moral cristiano de los Jardines de Santa Hildegarda, cuya filosofía de ética y responsabilidad durante varios años ha permitido desarrollar una industria sostenible y crear relaciones sólidas y dinámicas locales en torno a la agricultura ecológica. Esto ofrece muchos beneficios para todos, desde el productor hasta el consumidor final como el control  de origen de los productos, trazabilidad, distintas variedades y calidades, que redundan en seguridad y estabilidad de costes en los consumidores y garantía para los productos que desarrollan.

En este sentido santa Hildegarda nos instruye mediante sus visiones en la relación indisoluble del universo y todo cuanto contiene e interrelaciona con los actos humanos, de los cuales nosotros somos sus guardianes y protectores de lo que ella llama viriditas, que es la fuerza interna de todo ser vivo que debemos respetar.

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